todo se confunde con el cielo.
a veces se ve mejor de lejos.
hay un puente inmenso que nos acompaña.
un recuadro de madera encuadra, escoge, separa.
cada uno elige por dónde mirar.
algunos no miran. o sí, cómo voy yo a saberlo.
quizás ya saben mirar sin mirar.
yo todavía no sé y pierdo tiempo.
hay personas recortando el cielo.
río se ve a unos metros. la vemos por los cuadros.
la veo recortada.
así me gusta río.
por las siluetas recortada.
a la hora que sea con la taza de café o lo que sea al cruzar esa justa calle en los ojos que te miren Fuerza en el pie, que pise fuerte, en la mano, que aprietes gota de sudor miga de pan en tu boca fuerte la palabra que digas en los sigilosos días verdes por allí, Fuerza, en las baldosas del baño, en los pliegues de tu piel bajo la ropa en tus ideas serpentinas, si tus carcajadas estallan el aire allá la distancia acá tú concreta mujer real que existís ahora, estrujame a este mundo, este mundo…
Nahuel chiquito frente a la escuela. Sentado solito frente a la huerta. Chiquito, gordito, delantal celeste y blanco a cuadritos. Nahuel pregunta cosas a los demás. Mientras, se cambia de lugar, con su short gastado apoya la cola y se vuelve a levantar. Mueve sus brazos y piernas cortas, su piel de pan de tostada, sus ojos que saben más. Dice que salta de acá para allá. Dice que salta de ahí para aquí. Y salta.
La escuela es grande. Muy grande y tiene aire y verde. Toda abierta a la luz, al aire, a los niños y a nosotros que vamos y venimos. Nahuel corretea por el patio. Nahuel corretea por la Dirección y el comedor. Nahuel corretea. Lo persigue una rubia y lacia cola de caballo que lo andaba buscando; lo encuentra y rezonga preocupada. Nahuel camina orondo hacia el salón. Tiene 4 años. Nahuel recibe preguntas: “¿Dónde queda Montevideo?” y contesta preguntas: “Lejos, muy lejos”.
Centro Universitario de Rivera:
Simulaciones. Simular. Simulemos que nuestra vida no es esta de acá, sino aquella de allá. Simulemos que el viento es agua, y el agua, comida, y el frío, amor, y el amor, felicidad.
Terminal de ómnibus:
Un Oasis frente a la terminal. Llegamos al oasis, vamos al oasis. Creemos ver un lugar más allá. Creemos poder llegar. Las frutas. La lluvia.
El vidrio del ómnibus de la terminal. Las gotas de lluvia, gotas de luz. Los ojos pequeños de mi compañera. Los labios perfectos de mi compañera. Las horas que pasan cuando dormimos.
Martes:
Las horas menos que tenemos al despertar. Lo viejos que estamos al bajar del ómnibus. El café sentadas para esperar. La gente desayunando, desayunándose. Los ojos abriéndose, devorándose el día.
Piedras Blancas, Montevideo:
Contar lágrimas, llevar la cuenta.
Dar una mala noticia. Una buena noticia que es mala. A algunos les toca. A otros no. A algunos nos toca nacer. A otros no. A algunos nos toca vivir y crecer y decir. A otros no. A algunos nos tocan las manos. Un abrazo. Una caricia. Un dedo. Aunque sea, nada más, la yema de un dedo.
Miércoles:
Calle Mercedes, Montevideo:
Esperaba el ómnibus contra el cordón. La lluvia caía, pensaba en la hora. Encontré abajo una pieza de un puzle. El agua doblaba el cartón. No me agaché para levantarla, la pieza del puzle no tenía par.
anoche se me erizó la piel en el ómnibus... se me daban vuelta las tripas, casi me bajo pero no.
presagio, mal augurio, presentimiento. pre - sentimiento. (ahora sé que siento.)
después quise que lloviera para caerme en ti como una gotita y poder acompañarte. después le pedí a una luciérnaga que soplara una nube en 33 para que llovieran flores amarillas que te esperaran.
(mientras buscaba en el diccionario cómo se hacía la lluvia: si era el aire, el agua, el vapor que se hacía nube, que después se enfriaba...nada, no pude.)
después me dijiste lo del velorio y tenías razón. pero qué sabias entonces las luciérnagas: había llovido antes en 33. único tipo de sabiduría en el que creo que creo.
las floresamarillas que crecen al costado de la carretera y se multiplican de noche son las que mejor guardan las gotitas de lluvia. como la mariamol. yo soy así de vulgar y humilde. aunque más vulgar que humilde.
más tarde quise dejar de invadir tu silencio. qué mentira. y te besé sin que lo notaras. qué mentira. y ya dejé de responderte.
olor feo en la mañana. creo que era mi piel quemada.
camino largo a Puntas de Macadam...flores violetas en el camino. ojos de cielo en una guitarra. ojos los míos hundidos en el libro. entre las hojas guardado, aplastado, el jazmín de la cruz de carrasco.
toda una vida por unos segundos. toda la gente. todos los colores, los cachibaches, los diferentes perfumes. toda la historia que hay en las palabras, solamente por unos segundos. todo lo que nunca entenderé o capás un día si, por u n o s s e g u n d o s
les regalé las flores marchitas, las violetas, no las amarillas.
porque así, marchita, me pongo yo de vez en cuando, nos ponemos acá de cuando en vez, cuándo?....en vez....de....callar mi marchitez con dejo de alegría, me puse a escribir por escribir nomás, para no decir que nunca lo dije en ninguna parte...y para ver si no más no es igual a si.
“Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que me han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al transponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida. Ese envejecimiento fue brutal. Vi cómo se apoderaba de mis rasgos uno a uno, cómo cambiaba la relación que existía entre ellos, cómo agrandaba los ojos, cómo hacía la mirada más triste, la boca más definitiva, cómo grababa la frente con grietas profundas.”
Marguerite Duras El amante
No es la primera vez. Hoy me vi desnuda frente al espejo. Me vi como dentro de cincuenta años. Eso fue hace unos meses.
En distintos momentos de la vida empezamos a ser lo que somos.
No somos más que memoria.
A los quince y medio, casi todos los días del año curricular, me detenía a ver cómo una compañera de clase que se sentaba delante, movía su pelo por el aire. Cómo sus manos, una y otra vez, llevaban de acá para allá esa lluvia-melena lacia y marrón, cayendo y subiendo, hasta convertirse en una cola de caballo. Recuerdo que, luego de presenciar ese ritual, dedicaba algunos segundos a pensar por qué eso me llamaba la atención. Me gustaba. Y después de pensar eso, lo que hacía era pensar que ese hecho marcaría mi vida. El conjunto: observación, reflexión y conclusión; todo eso, marcaría mi vida.
Y ahora lo escribo. Tal vez tengo miedo de olvidarlo, y que deje de existir esa parte de mi.
Remo...
“La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie."
Sin tiempo pero fabricándolo. Buscando hacer visible con las palabras lo que se esconde detrás de nuestra cotidianidad. Esperamos hacer llegar (y que nos lleguen) sensaciones, ideas y opiniones desde diversas perspectivas.